Honor y gloria para una Selección que unió al país

La Argentina perdió una final del mundo. Duele, claro que duele. Nadie festeja una derrota. Pero hay momentos en los que el resultado deja de ser lo más importante para darle paso a algo mucho más profundo: el orgullo de volver a sentirnos argentinos por encima de cualquier diferencia.

Durante demasiado tiempo nos acostumbramos a vivir enfrentados. La política nos dividió, nos etiquetó y nos hizo creer que había dos Argentinas irreconciliables. Sin embargo, bastó que once jugadores salieran a defender la camiseta celeste y blanca para que millones volvieran a abrazarse, cantaran el mismo himno y levantaran la misma bandera.

Ese es el verdadero triunfo de esta Selección.

Mientras algunos se esfuerzan todos los días por señalar lo que nos separa, este grupo de futbolistas nos recordó todo lo que todavía nos une. No preguntaron a quién vota cada argentino, de qué provincia viene, qué piensa o qué ideología tiene. Jugaron para todos. Para el que trabaja, para el que estudia, para el jubilado, para el empresario, para el obrero, para el que vive en una gran ciudad y para el que habita el rincón más lejano del país.

Ese es el significado de representar a la Argentina.

La derrota ante España no borra absolutamente nada. Al contrario. Este subcampeonato mundial confirma que la grandeza también se construye con dignidad, esfuerzo y compromiso. Este plantel dejó el alma en cada partido y volvió a poner al fútbol argentino en la cima del mundo.

Lionel Messi, con la humildad que lo convirtió en leyenda, encabezó un grupo que jamás negoció la entrega. Junto al cuerpo técnico y a cada uno de sus compañeros, demostraron que el liderazgo no se ejerce con discursos vacíos, sino con el ejemplo.

Hoy las calles vuelven a llenarse de banderas argentinas. Nadie pregunta de qué partido político es el que está al lado. Nadie discute en qué vereda ideológica se encuentra el que canta el himno. Todos gritan por la misma camiseta. Tal vez esa sea la mayor enseñanza que deja este Mundial: cuando la Argentina se pone por delante de los intereses sectoriales, somos capaces de caminar juntos.

Ojalá la dirigencia, de cualquier color político, aprendiera la lección que dejó esta Selección. La unidad no significa pensar igual. Significa comprender que hay causas superiores que nos representan a todos. Y la bandera argentina es una de ellas.

Gracias, cuerpo técnico. Gracias a cada uno de los jugadores. Gracias, Lionel Messi, por volver a demostrar que el liderazgo nace del compromiso y del amor por la camiseta.

El trofeo quedó en manos de España. Pero ustedes consiguieron algo que vale tanto como una Copa del Mundo: devolvieron a millones de argentinos el orgullo de sentirse parte de una misma Nación.

Honor y gloria para esta Selección. Porque los campeones levantan copas, pero los grandes equipos también levantan el espíritu de un país entero.

Por Reynaldo Ortiz

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